¿QUÉ ES LA ADAPTACIÓN?

Lo primero es ponernos en su piel y comprenderlos

Pensad en un niño que se separa de sus padres por primera vez y lo dejan en un sitio que aún no le resulta familiar, al cuidado de una persona que no conoce, junto con un puñado de niños también desconocidos, y muchos de ellos llorando. A cualquiera, incluso a muchos adultos, le daría un angustia tremenda, ¿verdad?.

 

Los cambios son difíciles de gestionar, sobretodo para los niños de corta edad. Por tanto, es importante que les apoyemos, acompañemos y ayudemos a adaptarse a la escuela de la mejor manera posible.

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Acompañarle

El niño/a no tiene que quedarse con la sensación de que le “abandonamos” en un sitio nuevo y con gente nueva, sino que le acompañamos a conocerlos.

Los períodos de adaptación de las escuelas infantiles suelen ser demasiado drásticos, en algunos casos inexistentes debido a la poca disponibilidad de los padres (los niños/as van a jornada completa desde el primer día).

 

Si el niño/a reconoce el sitio nuevo y conoce a las personas nuevas junto a sus padres, apoyado y acompañado durante los primeros días, le resultará más fácil entrar en confianza con ese círculo que si lo dejamos “a la buena de Dios” y que se apañe solito.

Tarde o temprano acabará conociéndolos, tanto el niño/a que ha sido acompañado primero por sus padres como el que no, pero seguramente para el primero habrá sido menos traumático. De eso se trata.

 

La seguridad que le brinda la compañía de los padres le ayudará a una mejor adaptación. La cercanía y el cariño de los padres siempre ayuda a una mejor comprensión del mundo que les rodea. A medida que van creciendo van explorando el mundo, poco a poco, de una forma más autónoma.

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Despedirse del niño/a, no desaparecer

Algunos padres creen que es mejor dejar al niño/a en clase y desaparecer mientras algo o alguien le distrae para evitar el llanto de la despedida. Al contrario de lo que se pueda pensar, esta conducta es totalmente contraproducente y genera mucha angustia en el niño.

Imaginad que un familiar o un amigo os lleva en coche a un sitio que no conocéis, os abre la puerta del coche, os baja, pone primera y se esfuma. No sabéis donde estáis y encima aparece gente a la que no conocéis de nada. No sabéis si vuestro amigo o familiar volverá o no a por vosotros ni cuando, ni siquiera si lo volveréis a ver.

 

Os quiero decir que lo mejor es despedirse del niño/a como Dios manda y explicarle lo que va a suceder para no causarle una angustia añadida al hecho propio de la separación.

 

“Adiós, mi amor, te vas a quedar un ratito en el cole con tu profe y tus amigos. Saldrán al patio a jugar, cantarán canciones y luego mamá y/o papá vendrán más tarde a recogerte”.

 

Un beso grande y adiós. Y os vais. Si os quedáis alargando la despedida demasiado tiempo, sólo conseguiréis alargar su sufrimiento (tampoco vale espiar por la ventana de la clase, al menos aseguraros de que no os ve).

 

No quiere decir que con esto el niño/a no llorará. Aunque os despidáis de él puede que llore, es inevitable (además de normal y sano) que sienta angustia al separarse de sus padres, pero al menos no es la desesperación al ver que te han dejado en un sitio hostil y tus padres desaparecen como por arte de magia.

 

Con el pasar de los días, cada día haciendo la misma rutina, el niño entrará a clase más o menos contento, pero tendrá la seguridad de que mamá y/o papá volverán luego a recogerle para ir a casa.

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Actitud positiva

Tanto los primeros día de cole como los días previos, hay que hablarles de la escuela infantil, de las profesoras y de los nuevos compañeritos con actitud positiva.

Frases optimistas como “te lo pasarás en grande”, “conocerás muchos amigos”, “vas a jugar, cantar, pintar y divertirte un montón” suelen ayudar mucho.

 

Conviene también que conozca la escuela su clase y su profesora antes de empezar oficialmente el primer día.

Con todo este preámbulo positivo, el niño/a irá reconociendo caras, lugares, juguetes, rincones de la clase y al volver a ir se sentirá más confiado y seguro.

 

Hablar de la escuela como un sitio al que “tienen” que ir porque no hay más remedio, solitos/as, unas horas, separados de papá y mamá, obviamente, no es de mucha ayuda.

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Paciencia y comprensión

Cada niño/a tiene su propio ritmo, esto lo decimos siempre, tanto para empezar a ir al baño solito/a como para adaptarse a las nuevas situaciones.

Puede que un niño/a haya llorado como un descosido el primer día y al día siguiente entre feliz, mientras que otro estará un par de semanas llorando pegado a las piernas de su mamá o su papá. Ninguno es mejor, ni peor, simplemente cada uno lo lleva a su manera.

 

Lo fundamental es tenerles mucha paciencia y comprender el momento por el que están atravesando. También es difícil para nosotros separarnos de ellos. Hablad con vuestro/a hijo /a y permitidle que exprese sus emociones, que os cuente qué ha hecho, cómo lo ha pasado en la escuela, etc.

Los cuentos que tengan que ver con el tema de la escuela y la vuelta a ella pueden ser de gran ayuda para que se sientan identificados con los personajes de la historia así como recurrir al juego simbólico o al hilo argumental para ayudarlos a ponerse en situación.

 

“Con todo esto intento deciros que a la corta o a la larga casi todos los niños/as acaban adaptándose a la escuela” (este es el argumento que dan en muchas guarderías con planes de adaptación ridículos), pero la clave está en hacérselo lo más llevadero posible, conseguir una mejor adaptación de los niños/as a la escuela infantil.

En definitiva, se trata de implicarnos en sus emociones y que sientan la compañía y el apoyo incondicional de sus padres en los grandes pasos que dan y darán a lo largo de su vida.

RESUMIENDO

Los/as acompañamos.

Tiempo de horas reducidas.

Nos despedimos rápido y felices.

Jornada completa progresiva.

No volvemos a clase, una vez salimos.

Hablamos en positivo de la escuela, educadoras, compañeros/as.

Nos dejamos guiar por la educadora.

Los recogemos felices y no fomentamos su angustia.

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